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Traducir es como conducir

La traducción y la conducción

Hace mucho tiempo que lo llevo pensando: traducir es como conducir. ¿Y por qué digo esto?

Los únicos que entenderán (aunque los momentos que voy a nombrar sean muy lejanos) serán los traductores que también tengan su permiso de conducir.

Hay que remontarse, por un lado, a los tiempos en los que íbamos orgullosos con nuestra L verde y deslumbrante a montarnos por primera vez en el asiento del conductor. Yo tuve la suerte de contar con coche propio (más viejo que Matusalén) cuando me saqué el carné, por lo que pude experimentar rápidamente esta sensación. Miraba inconscientemente al asiento del copiloto buscando a mi profesor y amigo para seguir sus indicaciones, escuchar sus consejos y también sus continuas correcciones.

Por otro lado hay que recordar aquellas clases de traducción (en mi caso fueron pocas, porque yo me especialicé en interpretación) en las que traducías lo mejor que podías, hacías unas entregas tras las cuales acababas un poco loco y esperabas los resultados. Y entonces llega el ansiado momento en el que te anuncias a los cuatro vientos como licenciado en traducción y como profesional y (esto llega antes o después, pero para todos) en cuanto te descuides te encuentras delante del ordenador en tu primera traducción.

En ambos casos te encuentras tú solo con el timón en tus manos y (figuradamente) solo en el barco que parece abocado a un trayecto dudoso. ¿Pero es malo tener dudas?

Por supuesto que no es malo tener dudas: eso te hace precavido en primer lugar y consciente de tu situación. Es la primera ocasión en la que estás a solas y al mando de tu situación sin nadie que te supervise por primera vez. Ahora mismo tú asumes el papel de esas personas que te faltan tanto: tus profesores (de autoescuela y de facultad). Y las echas tanto en falta que hasta te da un poco de miedo. Sin embargo, como el tener dudas, no es malo tener un poco de miedo; la clave está en tener todas estas emociones en su justa medida y ser consciente de ellas.

Y todas esas emociones negativas solo tienen que servirte para un propósito: convertirlas en confianza en ti mismo. Al fin y al cabo si has conseguido tu L o tu estudios en traducción es porque algo sobre el tema sabes (llamadme loco, pero no te dan ni una cosa ni la otra así como así, todos nos lo curramos mucho para conseguirlo). Por lo que es normal sentirse un poco incómodo cuando estás solo en una situación nueva, es algo normal en el ser humano.

Quiero enfocar el tema desde otro punto de vista: sin tus profesores guiándote y dándote directrices se abre una nueva puerta. Ahora eres tu propio capitán y, como ya he dicho, manejas tu propio barco. ¿Qué significa eso? Es hora de hacer tu trabajo a tu manera. Las habilidades las tienes, las has aprendido y lo has demostrado. Claro que al principio costará y será extraño, como si te faltase un brazo. Pero recuerda: tienes otro brazo con el que te irás apañando y saldrás de esta. Tu creatividad y tu estilo florecerán y te verás realizado con cada traducción que entregues, con cada trayecto (literal o figurado) que realices. Todo es un paso adelante en este mundo de traductores y conductores locos.

Pero recuerda siempre: no te lleves a nadie por delante, no te dejes nada por el camino (a la abuela, a esa preposición maldita…) y asegúrate de que tu máquina, la que tiene pedales y la que tiene teclas, está en perfectas condiciones antes de echar a rodar.

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