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Skype y la interpretación

 

Skype y la interpretación

 

Hace un par de semanas, una profesora mía se puso en contacto conmigo para hablarme de un proyecto de innovación docente en el que participa. Su cometido era el de comprobar la aplicación de las innovaciones en la interpretación y se le ocurrió el uso de «nuevas» tecnologías (ya entenderéis las comillas), enfocado en el ámbito de las videoconferencias. En este caso propuso usar el programa Skype para probar las dos modalidades clásicas: consecutiva y simultánea.

 

Yo, que ya me iréis conociendo, le respondí que sí quería participar en el proyecto y ser una de sus «cobayas». En un principio el berenjenal en el que había metido iba a ser solo de inglés pero tras hablar con ella acabé jugándomela y queriendo probar también en francés.

 

En la consecutiva no fue mal, quizá me pilló bastante fuera de juego con la toma de notas. Y es que, por desgracia, no la podemos dejar tan de lado si no queremos ver cómo se nos desmonta el chiringuito. Hay que practicar regularmente y por supuesto nunca la noche de antes de una interpretación. Lo más destacable desde el punto de vista técnico es que yo eché de menos al ponente. En este caso mi profesora no tenía vídeo y solo me guié por el sonido, pero igualmente se echa de menos al ponente: la libreta y el ponente presentes son un tándem al que te acostumbras y se te hace raro.

 

Sin embargo el problema llegó con la simultánea. Y el problema técnico vino de la mano del propio programa. Debe ser que cuando por ambos extremos del canal se emite sonido, Skype baja drásticamente (por no decir que enmudece) el sonido del otro interlocutor, por lo que es imposible interpretar decentemente. Cuando intentaba interpretar, dejaba de oír el discurso y por mucho que intentase bajar la voz, no había manera de sacar eso adelante. Ya me lo comentó mi profesora: es algo que le pasó a otro compañero que lo intentó antes que yo.

 

Pero bueno, es una experiencia más y algo que hay que tener en cuenta. Ya sabéis lo que os podéis encontrar si os dicen/decidís usar este programa. Yo al menos lo encontré interesante y puedo decir que lo he probado, no será nada nuevo si tengo que enfrentarme a ello profesionalmente.

 

Como anécdota personal, muy grata para mí, resultó que mis interpretaciones del francés salieron bastante mejor que las de inglés. Tanto que mi profesora me preguntó si el francés era mi primera lengua extranjera (cosa que no es). Y, qué queréis que os diga, ¡eso anima a un servidor!

 

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Hacinamiento interpretativo

 

Hacinamiento interpretativo

 

Esta pequeña entrada la van a leer muchos de mis compañeros de clase. Los de 4º de licenciatura de TeI de la Complutense de Madrid (o del CES Felipe II, como una amiga se ha empeñado hoy en repetir mil veces) sabemos muy bien lo que denimo hacinamiento interpretativo.

Dícese del suceso en el que varios estudiantes de interpretación ven como tienen que compartir una cabina con otros tres compañeros mínimo.

 

Lo cierto es que la situación está llevada un poco bastante al límite. Desconozco si las cosas han funcionado o funcionan en otras universidades como funcionan (al menos para nosotros, pobrecitos de licenciatura) en esta universidad.

 

Por motivos administrativos (ser el último año de licenciatura y dar cierto privilegio a los de grado) y económicos (recortes de dinero) nos llegó el año pasado noticias de que nuestras clases de interpretación se iban a ver superpobladas (las de consecutiva de inglés tenían más de 50 matriculados; las de francés unos 23; las de alemán se veían muy sueltas con 5, si no estoy equivocado). Con los de 4º y en simultánea no hubo mucho problema. el problema nos llegó a los de 3º. Nos vimos obligados a la división de clases (por la rotunda negativa de la vicerrectoría de abrir más grupos) para tener un grupo más o menos ideal en las clases: unos 10 alumnos maximísimo.

 

Ya en 4º tuvimos que repetir el proceso con las clases de Técnicas de Interpretación Consecutiva, en las que en el caso de inglés éramos unos 80 matriculados (prácticamente toda la promoción) y en francés unos 40-50. En el caso de inglés sí que tuvimos que volver a desdoblarnos en grupos para poder conseguir unas clases medio decentes.

 

De las simultáneas ni hablemos. Nuestro centro cuenta con una clase en la facultad con 4 cabinas (8 puestos) más un laboratorio en otro edificio con 11 cabinas funcionales (22 puestos). Todo esto son estimaciones, puesto que raro es el día en que funcione todo como dios manda. En Simultánea FR-ES I y II cabemos de milagro (siempre suele haber la llamada población fantasma: gente matriculada que se pasa más bien poco, por no decir nada), pero con Simultánea EN-ES I y II no tenemos tanta suerte: volvemos a desdoblarnos para poder caber en las cabinas y poder hacerlo todo medianamente bien. Y el despiporre vuelve con Técnicas de Interpretación Simultánea (troncal, al igual que Téc. Interp. Consec.) con lo cual nos volvemos a juntar 80 y 40-50 en inglés y francés respectivamente. Aquí sí que tenemos dos grupos de inglés (que a su vez están desdoblados, como el de francés), pero aún así no es como debería ser.

 

También sin contar que algunos de los grupos se tienen que desdoblar una vez más (con lo cual tenemos una especie de 1/8 de matriculados, unos 8-10 de inglés) y aún así no cabemos a veces en el aula de interpretación (el de los 8 puestos)… En fin, una locura que es mejor que no penséis y que no os pase.

 

¿Lo único bueno? Nuestros profesores, que se han partido el coco para ver cómo incluirnos a todos como mejor han podido en todas las clases y dándonos un reparto justo. Al menos por ellos, y a pesar de las condiciones injustas que nos han tocado, puedo ver que se consigue interpretar y que enseñan de fábula, por compañeros que antes no dieron interpretación y que han sacado discursos de forma muy digna.

 

Eso sí, mi mensaje para todos aquellos de fuera es que no permitáis que os hagan esto y que actuéis todos (en piña, arriba el compañerismo, la cooperación y la solidaridad) para que podáis tener todos las clases que merecéis, en las condiciones en las que tienen que darse.

 

Fuente de la imágen: blog En clave de fo (me ha parecido graciosa e ilustrativa)

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En cabina

En cabina

En este último cuatrimestre paso unas doce horas de cabina a la semana (menos de las que a mí me gustaría, a decir verdad) y se me ha ocurrido hablar un poco sobre qué está pasando dentro de esa cabina. Es un mundo aparte, un refugio para los intérpretes (puesto que en cada cabina hay dos intérpretes) y, al menos mientras estudias, te da muchos buenos ratos.

Para empezar, cuando entréis en una cabina es imprescindible saber controlar perfectamente nuestro equipo (el micrófono y el resto de controles de nuestro puesto de interpretación). En cualquier momento, se recomienda (por no decir que estáis obligados) a preguntarle al profesor (en clase) o al técnico (cuando trabajéis) que os explique los botones: los que hay que tocar y los que no.  Una vez sepáis controlar el puesto, hay que colocarse cómodamente y disponer el material necesario (un pequeño glosario o papeles con información necesaria, un pequeño cuaderno y un bolígrafo). No os olvidéis de una botella de agua. Por lo general hay sitio suficiente, pero tener siempre en cuenta que ahí no estáis solamente vosotros, convivís con otro colega que necesita su espacio también.

Quizá, y como he visto que pasa, no está de mal recordar que hay que saber comportarnos en la cabina. Hay que ayudar al compañero si le vemos en un apuro y cuando esté interpretando tenemos que movernos como fantasmas. Claro está, no puedes abandonar la cabina en ningún momento. Los micrófonos captan hasta lo más mínimo y la audiencia solo tiene que escuchar una voz, la del intérprete, nada más.

Queda terminantemente prohibido mascar chicle, jugar con el bolígrafo, arrancar hojas… Como he dicho, no se nos tiene que escuchar mientras no estemos interpretando. Si tenemos que movernos para alcanzar algo de nuestra mochila, pasar página de nuestro cuaderno, escribir algo o beber agua, hay que ser muy cuidadoso y hacer el menor ruido posible. Nuestros teléfonos móviles tienen que estar apagados y si tenemos que echar una mano al compañero, queda terminantemente prohibido susurrarle.

Os sorprenderíais de todo lo que los micrófonos son capaces de captar y cómo se escucha todo al otro lado.

Hay que crear una buena atmósfera para no molestar al compañero y, ante todo, ser un profesional para que el público no se lleve sorpresas «inesperadas».