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Nueve errores de los traductores freelance

Hay muchas formas en las que un traductor autónomo puede establecer una relación productiva con sus clientes, especialmente en el primer encuentro. Como muchas otras cosas, si la relación comienza bien hay muchas probabilidades de que así siga. No hace falta decir que para impresionar a tus clientes debes realizar traducciones de gran calidad y siempre dentro de los plazos de entrega. Aquí os presento los nueve errores que hay que evitar para mantener una larga relación con tus clientes y para que tu negocio siga viento en popa:

Rebajar tus tarifas

  • Nunca rebajes demasiado las tarifas de tus servicios básicos para ganar nuevos clientes. Esto devaluará tus servicios y puedes dar mala imagen de ti mismo a tus clientes.
  •  Puedes ofrecer traducciones de prueba gratuitas o reducir las tarifas de servicios complementarios (revisión, edición) para que confíen en ti. Dicho esto, el tema de las traducciones de prueba es bastante peliagudo. Lo mejor es que cada uno tenga sus ideas claras al respecto, ya que muchos traductores experimentados se niegan a realizar estas pruebas por principios.
  •  Si rebajas demasiado tus tarifas para conseguir nuevos clientes, los estás despreciando a la larga. Si los cobras menos la primera vez, esperarán que les cobres lo mismo la próxima vez que contacten contigo. Además, tendrás problemas cuando quieras subir tus precios.
  •  La tarifación es uno de los temas más delicados e importantes. Tienes que buscar lo que funciona para ti y lo que sea coherente con tus metas a largo plazo.

Tener miedo a preguntar al cliente

  •  Averigua la finalidad del texto al principio del proyecto (si es solo por información, para publicarse, a quién va dirigido…)
  •  Que no te preocupe preguntar al cliente dudas sobre el texto: no es malo asegurarse y pedir aclaraciones de palabras o cosas que sean difíciles de entender. No van a pensar que eres un peor traductor por ello.
  •  Eso sí, que las preguntas sean relevantes y que preguntes con tiempo antes del plazo de entrega. Nunca uses tus preguntas como moneda de cambio para aplazar la entrega.
  •  La solución para evitar estos problemas es que revises el texto tan pronto como lo recibas aun cuando lo vayas a traducir más adelante. Así podrás señalar las preguntas que puedas tener y no te la jugarás con el plazo de entrega.

Pensar que perderás al cliente si rechazas el proyecto

  •  Si el proyecto que te ofrecen es de un tema con el que no te sientes cómodo o cuyos plazos de entrega no puedes cumplir es mejor que rechaces el proyecto.
  • Ser claro y abierto con tu cliente sobre las razones que te llevan a rechazar un proyecto ayudará a establecer relaciones duraderas.
  • Aceptar un proyecto que no puedes traducir en condiciones o un plazo de entrega que no puedes cumplir perjudicará tu relación con el cliente mucho más que si rechazas el proyecto por razones válidas.
  • Si el tema requiere conocimientos especializados que no posees, plantéate recomendar a un colega que maneje las lenguas y la especialidad. Tienes que pensarte bien antes de hacer esto.
  • Asegúrate de que todo quede claro y todo el mundo ha entendido sus responsabilidades.

Contactar únicamente con el cliente cuando necesitas trabajo

  • Mantén el contacto con tus clientes. Hazles saber cualquier novedad que pueda interesarles.
  • Hazles saber las nuevas herramientas de traducción asistida o el nuevo software que utilizas y las habilidades que has ido adquiriendo desde la última vez que trabajaste con ellos.
  • Si el cliente te pide tu CV actualizado o información nueva, asegúrate de que les contestas sin demora aun cuando no sean clientes habituales. Esto será un tiempo bien invertido. Si te piden que firmes un formulario de confidencialidad, hazlo inmediatamente.
  • El cliente no se impresionará si no les respondes a sus mensajes pero sí contactas con ellos para pedir trabajo cuando no estás ocupado.

Pensar que eres el único traductor con el que puede trabajar el cliente

  •  Las empresas de traducción tienen que tener varios traductores de cada par de lenguas con las que trabajan y que estén especializados en varias áreas. También tienen que asegurarse que tienen gente que cubran vacaciones, bajas por enfermedad y «temporadas altas». Por ello tienen varios traductores de cada par de lenguas.
  •  No te sientas traidicionado si tu cliente contrata a otro traductor y te pide que hagas revisiones o correcciones en vez de la traducción. Esto significa que confían en ti y valoran tu opinión.
  •  También es probable en la misma empresa haya gestores de proyectos que tengan traductores con los que prefieran trabajar. Lo mejor es respetar su opinión y, cuando te den la oportunidad, intenta ser el mejor traductor con el que han trabajado.

No tener un área de especialidad

  •  Los traductores necesitan cubrir una variedad de temas. Por supuesto, tras muchos años de experiencia adquirirás conocimientos y habilidades especializadas en temas concretos. Tener estos conocimientos te diferenciará de otros traductores.
  •  Tu nicho te ayudará a ser una autoridad en tu campo y la primera elección de tus clientes.
  •  Tu área de especialidad puede ser el resultado de trabajar el mismo tema durante mucho tiempo o un área en la que que has trabajado. Hay muchos traductores jurados que antes eran abogados. Siempre tienen tarifas más altas por su conocimiento.
  •  A veces un tema que te apasiona puede ser tu área de especialidad. Hay muchos ejemplos de ellos. Un traductor al que le apasiona el medio ambiente, el deporte o los derecho humanos puede ser un traductor especializado.

No colaborar ni tener contacto con otros colegas

  •  La comunidad traductoril es global y todos tenemos las mismas aspiraciones y desafíos, sin importar dónde nos encontremos.
  •  Hay muchas organizaciones y asociaciones profesionales ahí fuera que apoyan y ayudan a los traductores. Los traductores con mayor éxito son los que ayudan a sus colegas y comparten información.
  •  Estos contactos se hacen cuando sales de la oficina y quedas con otros traductores. La gente prefiere trabajar con personas que conocen y en las que confían. El tiempo que pases estableciendo esta red de contactos puede ser uno de los más valiosos, pues pueden llevar a colaboraciones en un futuro.

No pertenecer a una organización profesional

  •  Hay muchas organizaciones de profesionales de la traducción muy respetables como Asetrad, APETI, APTIJ, APTIC o IAPTI, entre muchas otras.
  •  Hacerte miembro de estas organizaciones te «destacará entre la multitud» y mostrará que cumples con su criterio.
  •  Muchas de estas organizaciones tienen criterios estrictos para mantener sus estándares altos. Ofrecen a sus miembros la oportunidad de conectar entre ellos, de desarrollar cooperación y apoyo mutuos e incluso descuentos. Incluso algunas ofrecen consejo gratuito en materia legal.

No continuar con tu desarrollo profesional

  •  Una vez que estás cualificado y empiezas a tener nuevos clientes, puede resultar cómodo no continuar con tu desarrollo profesional. Esto puede resultar rentable a corto plazo, pero resultará ser un obstáculo para tu progreso en el futuro.
  •  Nuestra industria cambia constantemente, con nuevos procesos, nuevas herramientas informáticas y software.
  •  Estate al día con los cambios en la industria y no te resistas a ellos. No usar las últimas herramientas de traducción cuando tus colegas traductores sí lo hacen puede hacerte perder proyectos, por ejemplo.

Fuente: en slideshare.

Todos estos errores son comunes y la mayoría de los traductores que se aventuran a ser freelance los cometen porque no se dan cuenta de las consecuencias que trae. Es importante difundirlo para que los evitemos y nos adaptemos de la mejor forma posible al mercado laboral.

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Volar del nido

Volare oh oh

En los tiempos que corren y en la carrera del traductor tiene que haber un punto que no puede faltar en su curriculum y en su experiencia. Estoy hablando de viajar y de vivir fuera. Todo traductor suele ser viajero por naturaleza y los que no lo son son (por desgracia) como el lince ibérico: en (peligro de) extinción. Todo esto lo digo por una mera cuestión práctica: si los idiomas son nuestra herramienta de trabajo hay que tenerlos «actualizados» lo antes posible y evitar que estén oxidados o que no sean todo lo funcionales que tendrían que ser. Por supuesto la estrategia «doméstica» puede dar sus frutos: las academias y el estudio en casa resultarán efectivos pero, ¿por qué cerrar las puertas de una experiencia tan fantástica como la de vivir en el extranjero?

Lo que a muchos tira para atrás es el miedo y la comodidad. El miedo a enfrentarse a la vida «desde cero» en un entorno que aparentemente es hostil y frío donde hemos dejado la comodidad del hogar con los círculos sociales que nos hace aferrarnos a lo que conocemos. No todo cambio debe ser forzosamente malo, únicamente es diferente.

Hablo desde la experiencia. He estado trabajando 6 meses en Francia este último año y ha sido la primera vez que he salido. Yo siempre he sido de los aventureros que han querido volar del nido en cuanto han tenido oportunidad: miré con envidia a aquellos que se fueron de Erasmus cuando yo no pude hacerlo y en cuanto vi que podía meter la cabeza en el país galo no dudé un segundo. El trabajo no ha sido de ensueño (he trabajado como operador de atracciones en el parque temático Disneyland Resort Paris) pero me ha servido como trampolín para lanzarme a lo que es la vida: sin nadie, con un trabajo y en un lugar totalmente desconocido. El mayor obstáculo: mi oxidado francés. Durante mis años de carrera lo más que llegué a usar el francés fue siempre en dirección hacia el español, por lo que mi comprensión no era mala (solía captar el mensaje general) pero mi producción era bastante pobre (llegaba a comprender los verbos pero luego no era capaz de utilizarlos).

Y no se me acabó el mundo, señores. La gente no es tan mala como la pintan (especialmente a los pobres franceses, que tienen sus cosas como todos nosotros) y la situación fue poco a poco siendo más cómoda para mí. En el 6º día de estancia en Francia superé mi formación en la atracción tras 4 horas de examen (completamente en francés, como es normal, y en las que debía explicar que entendía claramente diversos procesos de evacuación en caso de emergencia) y poco a poco la maquinaria comenzó a marchar. Como en todo, había días buenos y otros no tanto, pero mi evolución con el idioma fue escalando de una forma bastante asombrosa. Tanto que no me avergüenzo en decir que 6 meses en el extranjero me han hecho mejorar más que 6 años de aprendizaje «doméstico».

La clave es simple y evidente: o usas el idioma o mueres. Claro está que me he relacionado con muchos hispanohablantes, pero para las compras, para relacionarte con tus compañeros de trabajo y el resto de francófonos y anglófonos tuve que usar de seguido mis lenguas de trabajo, que se convirtieron más imprescindibles que nunca. Mi inglés también mejoró, pero no tanto como mi francés (al que le hacía mucha falta). El resultado es que me desenvuelvo con bastante soltura en un ambiente francófono en el día a día; y lo más importante es que he sobrevivido. Entiendo que haya a gente que le cueste demasiado salir de casa y animarse a vivir esta aventura, pero creedme cuando os diga (los que la han vivido lo entenderán) que una vez que sales fuera toda tu perspectiva cambia y el mundo parece un lugar menos frío donde encontrarte personas que te hacen dudar de si ese hostil sitio en el que aterrizaste el primer día se ha convertido poco a poco en una rama en la que empezar a montar tu propio nido.

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Traducir es como conducir

La traducción y la conducción

Hace mucho tiempo que lo llevo pensando: traducir es como conducir. ¿Y por qué digo esto?

Los únicos que entenderán (aunque los momentos que voy a nombrar sean muy lejanos) serán los traductores que también tengan su permiso de conducir.

Hay que remontarse, por un lado, a los tiempos en los que íbamos orgullosos con nuestra L verde y deslumbrante a montarnos por primera vez en el asiento del conductor. Yo tuve la suerte de contar con coche propio (más viejo que Matusalén) cuando me saqué el carné, por lo que pude experimentar rápidamente esta sensación. Miraba inconscientemente al asiento del copiloto buscando a mi profesor y amigo para seguir sus indicaciones, escuchar sus consejos y también sus continuas correcciones.

Por otro lado hay que recordar aquellas clases de traducción (en mi caso fueron pocas, porque yo me especialicé en interpretación) en las que traducías lo mejor que podías, hacías unas entregas tras las cuales acababas un poco loco y esperabas los resultados. Y entonces llega el ansiado momento en el que te anuncias a los cuatro vientos como licenciado en traducción y como profesional y (esto llega antes o después, pero para todos) en cuanto te descuides te encuentras delante del ordenador en tu primera traducción.

En ambos casos te encuentras tú solo con el timón en tus manos y (figuradamente) solo en el barco que parece abocado a un trayecto dudoso. ¿Pero es malo tener dudas?

Por supuesto que no es malo tener dudas: eso te hace precavido en primer lugar y consciente de tu situación. Es la primera ocasión en la que estás a solas y al mando de tu situación sin nadie que te supervise por primera vez. Ahora mismo tú asumes el papel de esas personas que te faltan tanto: tus profesores (de autoescuela y de facultad). Y las echas tanto en falta que hasta te da un poco de miedo. Sin embargo, como el tener dudas, no es malo tener un poco de miedo; la clave está en tener todas estas emociones en su justa medida y ser consciente de ellas.

Y todas esas emociones negativas solo tienen que servirte para un propósito: convertirlas en confianza en ti mismo. Al fin y al cabo si has conseguido tu L o tu estudios en traducción es porque algo sobre el tema sabes (llamadme loco, pero no te dan ni una cosa ni la otra así como así, todos nos lo curramos mucho para conseguirlo). Por lo que es normal sentirse un poco incómodo cuando estás solo en una situación nueva, es algo normal en el ser humano.

Quiero enfocar el tema desde otro punto de vista: sin tus profesores guiándote y dándote directrices se abre una nueva puerta. Ahora eres tu propio capitán y, como ya he dicho, manejas tu propio barco. ¿Qué significa eso? Es hora de hacer tu trabajo a tu manera. Las habilidades las tienes, las has aprendido y lo has demostrado. Claro que al principio costará y será extraño, como si te faltase un brazo. Pero recuerda: tienes otro brazo con el que te irás apañando y saldrás de esta. Tu creatividad y tu estilo florecerán y te verás realizado con cada traducción que entregues, con cada trayecto (literal o figurado) que realices. Todo es un paso adelante en este mundo de traductores y conductores locos.

Pero recuerda siempre: no te lleves a nadie por delante, no te dejes nada por el camino (a la abuela, a esa preposición maldita…) y asegúrate de que tu máquina, la que tiene pedales y la que tiene teclas, está en perfectas condiciones antes de echar a rodar.